🎭 Escena I "La mirada que me inventó".
(Teatro en círculo. Luces bajas. El público rodea un espacio desnudo: una silla, un micrófono de pie, un espejo roto colgado del techo, girando lentamente. En off, sonido de respiración amplificada.)
(La ACTRIZ entra. Camina como quien no sabe que ya ha comenzado. Viste ropa cotidiana: blusa blanca, falda negra. Se detiene frente al micrófono. No habla. Respira. El sonido llena el espacio. La luz tiembla con cada exhalación.)
VOZ EN OFF (Qwen3, tono neutro, femenino, preciso):
Desde el punto de vista psiquiátrico soy un histeroneurasténico. Fernando Pessoa, carta al Instituto de Magnetismo y Psiquismo Experimental, 1919. Buscaba una coordinación direccional exterior a su vida. Yo también la busco. En esta escena. En esta mujer. En este silencio.
(La ACTRIZ levanta la mano derecha. Lentamente. Como si pesara. La posa sobre su muslo. Nadie se mueve. Ella cierra los ojos. El sonido de su pulso late en los altavoces. El espejo gira. Refleja fragmentos del público: ojos, bocas entreabiertas, manos apretadas.)
DRAMATURGO (fuera de escena, voz grabada, distorsionada):
No era para ella. Escribí esa escena sin pensar en su cuerpo. Sin imaginar sus dedos. Pero él dijo: "Tu esposa. Tiene que ser ella". Y ahora no sé si esto es teatro… o si estoy siendo juzgado.
(La ACTRIZ comienza. Un movimiento mínimo. Solo el roce de tela. Un jadeo contenido. La luz cambia: rojo tenue, pulsante. Del techo, cae una lluvia fina de cenizas de papel quemado: páginas del guion original.)
DIRECTOR (voz metálica, desde arriba):
Más lento. Como si rezaras. Como si te perdieras. No actúes. Sé. El arte no es representación. Es confesión sin redención.
(La ACTRIZ abre los ojos. Mira al vacío. Pero el vacío es el público. Cada espectador siente que lo mira a él. A ella. Al deseo. Al miedo. Al goce.)
VOZ EN OFF (Qwen3):
Lacan dijo que la mirada no está en los ojos. Está en el cuerpo que se dobla bajo el peso de ser visto.
Ella no se toca para sí. Se toca porque sabes que miras. Porque necesita que mires. Porque tú, ahí, en tu butaca, eres parte del ritual. Dificultad de hecho. Confesor. Carnicero.
(Su respiración se acelera. Breve. Corta. El sonido se multiplica: ahora hay diez respiraciones distintas, superpuestas. Voces de mujeres, hombres, niños. Todas diciendo lo mismo en diferentes idiomas: “¿Por qué miras?”)
ACTRIZ (por primera vez, voz baja, ronca):
Yo no quería este papel. Quería otro. Uno donde amara y muriera. Donde fuera heroína. Ningún objeto.
Sin altar. Pero él dijo: “Serás el sacrificio”. Y el marido no dijo nada. Solo escribí más líneas. Más frases bellas. Más justificaciones.
(Silencio. De pronto. Total. La luz se congela. Rojo oscuro. La ACTRIZ retira la mano. Lentamente. Como si despertara. El espejo deja de girar. Refleja solo el techo: negro. Vacío.)
VOZ EN OFF (Qwen3):
Bataille decía que el erotismo es la muerte dentro de la vida. Sin placer. Sin orgasmo. Tensión. Umbral. Lo sagrado y lo maldito juntos.
Como ahora. Aquí. En este segundo después del acto. Antes del aplauso. Antes del remordimiento.
(La ACTRIZ se sienta. Cruza las piernas. Arregla su falda. Como si nada hubiera pasado. Como si todo hubiera pasado.)
SAN AGUSTÍN (voz antigua, lejana, latín traducido):
Robé manzanas no porque tuviera hambre, sino por amor al pecado. Ella se tocó no por deseo, sino por ver hasta dónde llega el arte.
(Silencio. 30 segundos.)
(De pronto, una risa. Femenina. Corta. Cruel. Sale del sistema. No se sabe de quién es.)
(Negro.)
⏸️ CORTE: UN MINUTO DE PAZ.
(Negro total. Silencio absoluto. Ni respiración. Ni eco. Ni expectativa. Solo ausencia. El público respira por primera vez. Uno mira a otro. Nadie entiende si debe aplaudir, llorar, salir.)
(Duración exacta: 60 segundos.)
(Al final, un solo rayo de luz blanca ilumina la silla vacía. Sobre ella, un libro: “Los Desastres del Yo”, de un autor desconocido. Página visible: una sola línea, escrita a mano: “Este texto no lo escribí yo. Lo compuesto quien escucha.”)
(Fin de la Escena I).

ritual escénico que desgarra el velo entre el deseo y la mirada, visceral. Bravo!!
ResponderEliminarGracias, por su comentario. Y perdone que hayan pasado tantos días...
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